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Título: EL CAMBIO QUE VIENE.


Autor: Amando de Miguel. Catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense y Profesor visitante en las Universidades de Yale, Florida y San Antonio (Texas). Ha publicado más de cien libros.


Editorial: Stella Maris. 222 páginas.



Desde el célebre Fray Gerundio de Campazas siempre me han interesado los gerundienses, como Josep Pla (por ampurdanés), y todos los demás. Los pondré por orden alfabético:

-Fernando Díaz Plaja, cuya obra La Biblia contada a los mayores ya tengo reseñada.

-Rosendo, mi vecino de los años sesenta en Linares.

-Sindo, un vecino cuando mi niñez en San Vicente de la Barquera. Seguramente era Gumersindo.

-Borondo era otro vecino de aquí, fabricante de tubos de hormigón.

-Raimundo de Miguel, autor del famoso diccionario de latín que me acompañó todo el Bachillerato.


Para hacer justicia, nuestro autor Amando de Miguel debe ser el primero de la lista. Y no sé si será familia, en la lejanía, del último; debe de serlo a juzgar por los latinismos con que esmalta su obra. Lo que sí sé es que tenemos muchas cosas en común:

-Él es de Zamora, como mi consuegro y mi yerno.

-Por tanto, siendo yo soriano, resulta que estamos unidos por el río Duero como hilo conductor.

-Le he oído decir que la mermelada de ciruela no le falta nunca en la nevera porque le encanta. A eso le gano: un día me topó mi amigo Agustín en el super cargando yo la cesta hasta los topes con frascos de ciruela mermelada.  - Pero hombre, exclamó, tú lo que eres es un mayorista!

-He podido apreciar en el libro muchas coincidencias textuales con cosas que tengo escritas. Las iré recolectando en su momento.

-Uno de sus títulos es Sociología de la vida cotidiana (1987). Yo tengo en mi sitio web una Antropología de la vida cotidiana (2006).

-No sé por qué tenemos que estar creciendo siempre, dijo en un programa de TVE con ocasión de la presentación de su libro, el que ahora nos ocupa.


Como comparto sin reservas esta su gran blasfemia, me apresuré a comprar el libro, a leerlo y, ahora, a escribirlo.


Para empezar diré que el libro me ha encantado aunque no haya respondido, en mi opinión, ni al título ni, por tanto, a lo que yo me figuraba. Creo que le hubiera cuadrado mejor llamarse “El cambio en que estamos”. El cambio que viene lo esboza sumariamente en la primera cuarta parte del libro. El otro, el cambio en que estamos, está asentado a su vez en un presente huidizo, y es la sustancia de todo el libro. Eso sí, muy bien construida, apoyada, explicada, ilustrada y enriquecida con una austera elegancia de lenguaje. Nuestro autor tiene la rara virtud de ser serio y ameno a la vez, respetuoso y fiel a una sinceridad inquebrantable; enunciador fiel y denunciante; educado y sutil pero sin concesiones. Tiene la calidad que puede ofrecer un sociólogo en estado puro.


En mi conferencia de diciembre de 2009 en el Ateneo de Madrid titulada LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO EN EL UMBRAL DE UN NUEVO PARADIGMA (http://www.caprichos-ingenieros.com/ateneo7.html ) decía:


“El liderazgo para el Modelo Desmaterializado [el paradigma que ha de venir] requiere disponer de personas que sobresalgan en estas habilidades: Las de un estadista, un contable, un economista, un sistemista, un emprendedor y un ingeniero”.


Y añadía:


“Por supuesto, el líder será el estadista, y cada una de las seis figuras se constituirá, a su vez, en equipo multidisciplinar. No pueden faltar los hombres del derecho, el urbanismo, la biología, la meteorología, la demografía, la estadística, etc”.


De haber conocido yo entonces el libro de Amando de Miguel, lo habría nombrado jefe del equipo de demógrafos y estadísticos.


El libro comienza diciendo:

Yo añadiría: y nos vamos de él sin conseguirlo. Bueno, habría que decir que cada generación que se va lo entiende un poco mejor que la precedente. Pero es tan poco lo que se añade dentro del gran misterio que nos envuelve que queda entendimiento para rato: se consumirá el sol y seguiremos sin entender para qué.


El Catecismo de la Doctrina Cristiana que yo aprendí de memoria siendo niño resolvía ese misterio en dos renglones:

Pregunta: ¿Y para qué fin ha criado Dios al hombre?

Respuesta: Para servirle en esta vida y después gozarle en la eterna.

Copio esto para resaltar que nuestro autor no es de los que se suben al carro de la triunfante corrección política. Él es una especie de lo que ahora se llama un alternativo.

Me alegra ver que mi acotación de antes no estaba descaminada: el sociólogo se llevará muy bien con el sistemista que también se mete en todo. Éste, con decenas y decenas de ecuaciones relacionales y el otro con los datos estadísticos que las alimentan.

Sin ser sociólogo, eso mismo me pasa a mí. Mi preocupación me lleva a comparar nuestro libro con el titulado LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO, 30 AÑOS DESPUÉS, de Dennis Meadows. Y lo primero que tropiezo en la comparación es que este último es de carácter global, universal, mientras que el de nuestro autor está, como dice, referido a España solamente.


El cambio que viene es de tal calado que no sólo viene para quedarse, sino para quedarse en todo el mundo, y no solamente en España. Estas distintas visiones las resuelven ambos autores, D. Meadows y A. De Miguel con sendas analogías. El primero se atreve a decir que


“en realidad estamos delante de una verdadera revolución sin parangón con cualquier otra que hayamos podido vivir recientemente: La revolución de la sostenibilidad. Ni la francesa, ni la rusa, ni la crisis de 2007 en adelante guardan el menor parecido.

Tan sólo hay dos revoluciones que pueden servir de antecedente: La del Neolítico que dio paso a la sociedad de agricultores estables desde los cazadores nómadas, hace 10.000 años (empezaron a faltar la caza y los alimentos silvestres), y la revolución industrial del siglo XVIII (la madera empezó a escasear y se sustituyó por el carbón)”.


Lo dice porque en otro lugar viene a señalar que nos hemos comido, y sobradamente, no sólo el rédito que nos brinda nuestro planeta, sino también su principal. Vamos, que entre otros disparates, eso tan alegre y universalmente aceptado de endeudarse cada año incluso por encima del PIB, lo es en grado superlativo.


Por consiguiente, nadie crea que esta revolución de la sostenibilidad se sustancia como pura crisis energética, al estilo de la mencionada de falta de madera, o más recientemente de escasez de otros combustibles. Es algo que va mucho más lejos.


Lo dramático es que el modelo económico actual no sólo lo sustentan los ricos, los financieros, la banca y los economistas en general. Es que es el modus vivendi ideal para políticos de todo signo y pueblo llano de todos los países tanto ricos como pobres.


La reacción no se hizo esperar en el vestuario del gimnasio. Allí oí decir a uno hace poco: ¡No nos van a llevar a vivir en las cavernas otra vez! Parece que el tal se debíull ’a de sentir muy a gusto en su choza neolítica y no quería regresar a la cueva para hacer pinturas rupestres.


Esta mención al Neolítico que hace D. Meadows es acorde con su tesis de globalidad sobre la crisis actual. Sabe que hasta los maorís o los hutus han tenido su neolítico. En cambio, A. de Miguel sabe también que esas tribus no han tenido una Edad Media como la nuestra, así que su aproximación a la crisis española no necesita de un acercamiento a la prehistoria, con lo cual puede que se eviten discusiones estériles en los gimnasios. Nuestro autor hace frecuentes incursiones no más allá de la Edad Media.


Voy a entresacar algunos hitos del Capítulo 1º del libro, el que titula MÁS ALLÁ DE LA CRISIS ECONÓMICA

Según Dennis Gabor, Premio Nobel de Física e inventor del holograma, el crecimiento exponencial hasta el infinito sólo se da en los libros de matemáticas, no en la vida real. En ésta, un tal crecimiento, o se adapta oscilantemente a un límite, o se colapsa. Con esta visión tenemos una idea de lo que nos puede pasar en la tierra si seguimos creciendo.

Bien hace nuestro autor en hacer referencia a la vida. Cuando las células cancerosas emprenden una expansión indefinida nos llevan a la muerte.

Intentaré profundizar en esto porque creo que tras ello hay un problema de PIB, de esa magnitud macroeconómica que expresa el \valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final en un país durante un año.


He pretendido, sin éxito, averiguar cómo se las arregla el BCE para asignar los € que corresponden a España para funcionar, que ya se ocupará luego la Casa de la Moneda de fabricarlos y los bancos de distribuirlos.


En vista del fracaso he decidido que el BCE ha tomado nuestro PIB como base para aquella asignación, y ha dicho: como ustedes han producido el último año de la peseta bienes y servicios por valor de tanto, que su Casa de la Moneda les fabrique €s en la cantidad de ese tanto y que sus bancos se los distribuyan; ya veremos como va su producción en añull –os sucesivos a fin de que su fábrica de dinero pueda darle a la manivela en caso de que ustedes produzcan más. O que su Banco Central retire de la circulación la cantidad equivalente a una merma de su producción. Unos ejemplos.

Venimos al mundo para entenderlo.

Los espectadores o lectores avisados se percatan en seguida de que el opinante (lo corriente es que pasen por anáull ‡lisis lo que simplemente son declaraciones en entrevistas, debates, tertulias, mesas redondas o similares) sólo dice lo que tiene que decir de acuerdo con su posición. No es mi caso, extravagante como soy y así me va.

El primer rasgo [de un sociólogo] es el intento de relacionar idealmente todo con todo.

Al final, cuando el sociólogo echa un vistazo a la sociedad que desea estudiar –en este caso, la española- no tiene más remedio que adoptar una actitud comparativa.

El producto económico no puede crecer sine die.

Nada en la naturaleza o en la vida se somete a una ley de expansión indefinida, ni siquiera el movimiento de las galaxias.

La población se desespera. Las protestas se reducen a que el Estado arbitre máull ‡s dinero. Quizá se acabe solicitando del Banco Central Europeo [BCE] que reparta dinero entre la población.