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MOISÉS


Hace poco tuve ocasión de escribir sobre Freud saliendo al paso de lo que cita Martín Gardner en su libro ¿Tenían ombligo Adán y Eva?, sobre La deficiente teoría freudiana de los sueños. Con ese motivo escudriñé mis obras completas del sabio vienés descubriendo, sin pretenderlo, que hacia el final de su tomo tercero, que es tanto como decir al final de sus días en Londres, se encontraba su título Moisés y la Religión monoteísta en tres ensayos titulados: Moisés, egipcio; Moisés, su pueblo y la religión monoteísta; Síntesis y recapitulación.


De los tres títulos me fijaré ahora sólo en el primero, porque los otros dos exigen una comprensión del psicoanálisis que me falta y que, difícilmente podría adquirir ya si bien el acceso a él, tan bien planteado por Freud debería animar a cualquiera.


Aprovecharé para hacer una observación al respecto porque también acabo de escribir algo sobre Darwin y resulta que éste y Freud van de la mano en los fundamentos de sus teorías. Me permitiré una analogía:

Pgs. 1    2    3  

Darwin: Fósiles                    ⇒ Observación de la Naturaleza viva actual.

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Freud: Experiencias primera infancia     ⇒ Tratamiento de un adulto neurótico.

Como acabo de anotar la vinculación de los dos últimos títulos freudianos al psicoanálisis y de mentar las primeras experiencias infantiles, sí voy a aportar mi experiencia a algo que Freud toca con gran profundidad en esos dos últimos tratados. Me refiero a la muerte del padre.


Termino enterándome de su significado que no es otro que el metafórico de romper amarras que el hijo en crecimiento hace al asumir una autonomía propia para dar rienda suelta a su personalidad que hasta ese momento estuvo tutelada con  más o menos rigor por el padre, tal como el hijo deseaba y admitía por necesaria.


Hasta ahora, cuando yo oía hablar de la muerte del padre, siempre recordaba una cosa de mi infancia. Siendo yo niño en San Vicente de la Barquera aconteció un suceso que conmocionó al pueblo. Habían matado al carnicero, conocido como Pepe Balazo. Se decía que lo había matado su mujer ayudada por sus dos hijos. Y que una mano del muerto retenía un puñado del pelo de su mujer.


El entierro pasó, como todos, por delante de mi casa, hacia el cementerio, al pie del Pico de Santillán.


Antes de seguir, no me resisto a apuntar algo que me ha llamado la atención al leer los dichos últimos capítulos, en lo tocante a la religión monoteísta. Enfrenta Freud ésta a la que llama religión henoteísta. El despiste se debe a mi olvido de cómo se dice 1 en griego, porque 2, 8, 10, etc. son de uso corriente, y se recuerdan; pero 1 … Además, para uno, siempre nos queda el recurso de μονοs.


Pues no. El adjetivo numeral cardinal 1 es ειs, μια, εν (masculino y neútro con espíritu áspero). Esto hace que, por ejemplo, 11 (1, 10, es decir ενδεκα), se escriba también con espíritu áspero. Es decir, endecasílabo, el verso de once sílabas debería escribirse con h, igual que henoteísta.


Entonces, ¿qué es el henoteísmo? Pues es el politeísmo en el que hay, además de muchos dioses, uno que es el principal (Zeus en el politeísmo griego, por ejemplo). Y así en otras religiones que puedan coexistir.


El monoteísmo, en cambio viene del pronombre indefinido μονοs que se refiere a sólo uno. Religiones henoteístas debe de haber muchas, pero monoteístas sólo hay tres: judía, cristiana y musulmana. Cosa ésta que parece contradictoria porque debería haber una sóla.

Entrando ya en lo que nos ocupa, Moisés, egipcio, estructuraré el asunto tal como hice cuando escribí La Biblia y el Quijote, libros paralelos. A la izquierda, la aportación de Freud y, a la derecha el texto literal de la Biblia (el correspondiente a El Éxodo), incluyendo comentarios del hermeneuta (Freud lo llama exegeta).


La tesis de Freud es que Moisés no es judío sino egipcio, con todas sus consecuencias. Y bien que siente haber llegado a esa conclusión que priva a sus paisanos (no olvidar que Freud era judío) del paisanaje de un hombre tan excepcional como Moisés.


Lo primero que he hecho es poner en su lugar cronológico a Moisés, a fin de clarificar su biografía cuyo único reflejo es lo que la Biblia dice de él.


Cuando escribí sobre el libro Sapiens, de animales a hombres de Yuval Noah Harari (también judío), anoté como fecha mosáica 3.300 años AP (antes del presente) = 33 siglos AP.


Estamos en el siglo XXI dC (muy a su comienzo, así que, por simplificar diremos que ahora han pasado 20 siglos dC).


33 – 20 = 13 siglos pasaron desde Moises a Cristo. Ello significa que Moisés vivió en el siglo XIV aC (que es la fecha aportada por Freud). Los dos subrayados coinciden. La gran mayoría de los historiadores admiten que Moisés existió, y el éxodo que protagonizó, también.