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Título: MIL PARNOCIKLES.

Autora: Milagros Salvador. Es poeta, psicóloga y licenciada en filosofía y letras.

Editores: Huerga & Fierro. 91 páginas.


“Os he repetido mil veces que no se puede tomar al pie de la letra (ni del número) todo lo que se dice”. Por consiguiente, lo entrecomillado, tampoco. Sin embargo, en el caso de Milagros la cosa es distinta. Ello quiere decir que los mil parnocikles con que nos regala son, casi exactamente mil (algunos han sido indultados).


Como ella es tan aficionada a jugar con mucha gracia con las letras, las sílabas y las palabras, me voy a permitir darle un consejo por si su perspicacia no se lo ha revelado aún. Milagros, como su nombre de pila indica, es una terrateniente de orden superior y no estará de más que se mantenga vigilante no sea que un día, cualquier populista salvador, de esos que abundan y que no sé si son sus parientes, le caiga encima con una reforma agraria.


Por mi parte diré que me siento muy compenetrado con Milagros. Recuerden al gracioso Cantinflas ante la puerta entreabierta de su jefe suplicando con los nudillos un ¿Se puede compenetrar?


Lo digo porque yo también parnociklo lo que puedo aunque nunca se me hubiera ocurrido llamar así a eso: esa originalidad sólo corresponde a Milagros. Ella me ha hecho la confidencia de que al observar el ingenio que impulsa a una bicicleta, el imaginarla aparcada, le resultaba un contrasentido, y de ahí la metáfora: Nunca se debe aparcar el ingenio si queremos seguir progresando.


A mi rebaño, aún inédito, lo llamo Greguerías, lindezas y primores porque como me dijo una vez Juan Ruiz de Torres, Greguerías hay pocas, pero haylas. Ahora me acuerdo de dos, una de familia y otra, poética, aunque con corolario.


-Mi bisabuelo Tiburcio era un tiburón sin acentuar.


-Otoño: Cuando cae una hoja, su sombra la va guiando para que se pose exactamente donde debe.

-Corolario: La luz y la sombra son una misma cosa: la sombra es la linterna del acomodador otoñal.


Tengo un amigo que a las Greguerías las llama las Gregorias. Supongo que Ramón, de haber sido catalán las habría llamado las Ramonetas. Gregarias es lo que sin duda son porque como se ve, los corolarios se agregan a los teoremas. Lichtenberg las llamaba Aforismos y Camón Aznar precisaba: Aforismos del solitario.


Pero dejémonos ya de extravíos y vayamos al grano del ingenio, la agudeza, la elegancia y lo polifacético de Milagros Salvador.


Su juego de letras … y aún de idiomas le ha servido para titular su libro a partir de un anuncio inglés que rezaba: PARK NO CYCLES.


Podemos apreciar otros muchos juegos que, a su vez, son de género diverso. Voy a extraer algunos de entre los que más me han gustado y de los que se me ha ocurrido algún comentario. Por cierto, he dejado el libro a mis amigos y les ha encantado, aunque ni ellos ni yo hemos entendido todos los PARNOCIKLES. Por ejemplo “Egoísta, egoísta, el botijo”.


GÉNERO TEOLÓGICO:


-“Trinidad: No hay Dios sin tres”.


De hecho, no es el dos el único número con aplicación teológica. Antiguamente el diez servía para enmascarar una blasfemia inmunda.


-“Soy uno y trino, Dios dijo. Yo también, dijo un pájaro”.


Esto de jugar al equívoco de verbos y adjetivos me recuerda un chiste que me contó hace 60 años el Sr. Thompson, mi patrón en Liverpool. “Estaba recién pintado un banco del parque que mostraba este letrero admonitorio: WET PAINT. Llegó un perro, lo leyó, and he did.”

Ya se ve que el humor inglés se ha quedado pegado a la pluma de Milagros.


-“El 44.444.444 se parece a un patio de butacas”.


Yo me he permitido denominar debidamente a los millones esos de numerales evidenciando que son cardinales, con lo cual, pueden asistir dignamente al cónclave de papables. He inclinado un poco sus asientos para facilitar la comunicación en las deliberaciones:

QUIÉN hay detrás

QUÉ hay detrás

INICIO

-“El Espíritu Santo ¿Es paloma o palomo?”


¡Vaya, lo que nos faltaba para organizar el nuevo debate del filioque!


-“Literalmente el Vaticano es pordiosero”.


Este parnocikle le transporta  a uno a una escena como ésta: El Papa sentado en la escalinata de acceso a San Pedro con su solideo blanco en el suelo conteniendo esas pocas monedillas de reclamo, pidiendo en la hora punta de visitantes. Con la mano abierta en alto y sonsonete mendicante se le oye decir: “Por amor de Dios, deme algo, señorito, que tengo que pagar a fin de mes la nómina de la guardia suiza y el último plazo del papamóvil. Dios se lo pagará, hermano!”.


-“Cando incineran a un muerto le enseñan cómo es el purgatorio”.


-“Capilla ardiente es suponer que el muerto está ya en el infierno”.


-“Se demuestra que somos masoquistas, porque la cucharilla de dulce es más pequeña que la de sopa”.


No estoy de acuerdo. Se ve que Milagros es mafaldista y yo, en esta materia (solamente), no. Yo soy a la vez sopero y dulcero y sí me gustarían para el dulce unas cucharillas un poco más grandes. Pero soy sopero por vocación: mi abuela Paca (la que se llamaba igual que la compañera de Rubén Dario), decía que la sopa es como Dios que nunca hizo mal a nadie.

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