QUIÉN hay detrás

QUÉ hay detrás

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Título: MUJER EN PENUMBRA.

Autora: Ángela Reyes.

Edita. Huerga y Fierro, 78 páginas.

A mí me gusta leer a Ángela Reyes por lo menos tres veces: Para disfrutar de su forma, de su fondo y, para imaginar. Hoy me voy a permitir el lujo por mi cuenta y a mi riesgo, de hacer un pequeño análisis en clave autopedagógica: soy yo quien va a aprender. Porque me apetece, porque no todos los lectores de poesía son poetas, y porque podría haber muchos más si se dieran ciertas facilidades que a mi juicio faltan. Empezaré fijándome en su primer poema dedicado a Laila. Y seguiré con los otros dos que encabezan su capitulado.


CAPÍTULO I: LAILA

Por cierto, me imagino a Laila descendiente de aquellos almohades del Norte de África que en el siglo XIII se trajo a Andalucíull ’a Miramamolín Muhammad al-Nasir.

Tú estabas apoyado en el pretil del puente

… 34 versos …

bajo la yedra

que enmohece tus plumas y se ríe de ti.

La primera y la última palabra del poema se refieren al mismo personaje. Hay que tener paciencia al leer un poema así para no caer en el desconcierto ni en conjeturas estériles. Cuando estudiábamos latín de muchachos se nos enseñaba algo importante; que había que ordenar, que poner orden al menos en cada párrafo, para dejarlo en el modo que el español maneja. Sin tanta complicación hoy nos pasa algo parecido con el alemán e incluso con el inglés.


Una coincidencia curiosa. En mi soneto YEDRA también yo la hago sonreír: “Ya sé que si atardece y hace brisa / tus manos acompañan tu sonrisa / y ondeas un adiós a la jornada”.

cómo caía sobre ella el burka.

Este verso es la clave de todo el poema. La joven iba de burka, es decir, la prenda le caía sobre toda su persona, que es cosa acorde con el título del poemario, pues un burka deja a su portadora no ya en penumbra sino casi en perpetua oscuridad. Nuestra autora ya deja claro en su dedicatoria que anda a favor de la luz y, por tanto, contra la oscuridad, contra el oscurantismo que representa esa prenda femenina.


Y lo remacha en la penúltima estrofa donde pondera el sueño de libertad de la chica:

y no pudiste [reproche al Ángel de la Guarda] oír al perro ladrador,

anunciando los tiempos de negrura

para su trenza joven, para sus labios y sus ojos

que soñaban con una vida de pájaros azules.

Pgs.  1    2